En Honduras, el diagnóstico prenatal cardiovascular continúa siendo una herramienta insuficientemente utilizada pese a su impacto demostrado en la supervivencia neonatal. Las cardiopatías congénitas constituyen la malformación más frecuente a nivel mundial, con una incidencia estimada entre 5 y 12 por cada 1,000 nacidos vivos. No obstante, la detección intrauterina sigue siendo desigual y dependiente del acceso geográfico, la disponibilidad tecnológica y el entrenamiento especializado del evaluador.
La pregunta no es si existen. La pregunta es por qué seguimos diagnosticándolas tarde.
Durante 2025 se analizó 26 gestantes referidas por sospecha de patología cardiovascular fetal. Más de la mitad de los casos (53.8%) presentaron diagnóstico cardiológico, mientras que el 46.2% correspondió a corazones estructuralmente normales.
La ecocardiografía fetal no es un lujo tecnológico. Es una herramienta estratégica. Permite planificar el nacimiento en centros preparados, coordinar equipos multidisciplinarios y evitar el colapso hemodinámico inesperado en sala de parto. Un diagnóstico prenatal cambia decisiones. Cambia logística. Cambia pronóstico. Cambia familias. Porque no solo identifica cardiopatías significativas; también descarta con certeza diagnóstica, ofreciendo tranquilidad sustentada en evidencia y evitando intervenciones innecesarias.
La verdadera brecha no radica exclusivamente en la tecnología. Radica en el acceso equitativo. Muchas mujeres fuera de los principales centros urbanos no reciben una evaluación cardíaca fetal especializada entre las 24 y 34 semanas de gestación, periodo óptimo para el análisis estructural detallado. La consecuencia no es únicamente clínica; también es organizativa.
Sin embargo, el acceso sigue siendo limitado y centralizado. Muchas mujeres en regiones fuera de los principales núcleos urbanos no reciben una valoración cardíaca fetal especializada en el periodo óptimo de 24 a 34 semanas. Un diagnóstico tardio aumenta el riesgo de inestabilidad y el gasto de los recursos tanto familiares como hospitalarios. El resultado es inequidad. Y la inequidad en salud tiene consecuencias medibles.
La evidencia internacional demuestra que el diagnóstico prenatal de cardiopatías críticas mejora los desenlaces. En nuestro contexto, cerrar esta brecha implica fortalecer la valoración en cardiología fetal, establecer protocolos claros de referencia y fomentar una colaboración efectiva entre obstetricia, medicina materno-fetal y cardiología pediátrica. La medicina fetal es una estrategia de prevención para garantizar a las familias el derecho a prepararse. La medicina actual permite identificar de manera oportuna múltiples complicaciones, incluyendo problemas estructurales del corazón del bebé, alteraciones del crecimiento o trastornos placentarios. Un diagnóstico temprano no significa que algo esté perdido; significa que podemos planificar, actuar y acompañar con mayor seguridad.
Dra. Paola Martínez
Cardiología Pediátrica y Fetal Honduras



