Durante décadas, el debate sobre la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) se ha centrado casi exclusivamente en sus pérdidas financieras, el endeudamiento y los problemas administrativos. Sin embargo, esa visión resulta insuficiente para comprender la verdadera dimensión del desafío que enfrenta Honduras. La energía eléctrica ya no puede analizarse únicamente desde una perspectiva económica; debe entenderse como un componente esencial de la Seguridad Nacional y de la competitividad del país.
En el contexto actual, ninguna empresa está dispuesta a realizar inversiones de gran escala si no existe la certeza de contar con un suministro eléctrico confiable y continuo. La estabilidad energética influye directamente en la confianza de los inversionistas, la productividad de las industrias, la generación de empleo y el crecimiento económico. Sin energía confiable, el desarrollo sostenible simplemente no es posible.
Además, la electricidad sostiene el funcionamiento de prácticamente toda la infraestructura crítica del Estado. Hospitales, sistemas de agua potable, telecomunicaciones, aeropuertos, puertos, centros de datos, banca, fuerzas de seguridad e industrias dependen de un suministro permanente. Un colapso prolongado del sistema eléctrico tendría consecuencias que irían mucho más allá de los apagones, afectando la estabilidad económica, el orden público y la capacidad operativa del Estado.
Ante esta realidad, la reestructuración de la ENEE representa una oportunidad estratégica. La propuesta de convertirla en un holding estatal integrado por empresas especializadas en generación, transmisión y distribución busca fortalecer la eficiencia, mejorar la transparencia, optimizar el control financiero y facilitar nuevas inversiones, manteniendo el control estratégico en manos del Estado. Este modelo ha demostrado ser exitoso en diversos países al permitir una administración más técnica y orientada a resultados.
Reestructurar no significa privatizar. Significa modernizar la gestión, fortalecer la gobernanza e incorporar mecanismos que permitan responder a los desafíos de un sistema eléctrico cada vez más complejo. Incluso podría abrir espacios para la participación de inversionistas institucionales nacionales, contribuyendo a financiar la modernización de la infraestructura sin comprometer la soberanía sobre un activo estratégico.
El verdadero debate no debe limitarse a quién administra la ENEE, sino a cómo garantizar que Honduras disponga de un sistema eléctrico moderno, resiliente y sostenible para las próximas décadas. La energía debe asumirse como una infraestructura crítica nacional, cuya protección y fortalecimiento son indispensables para asegurar la inversión, la competitividad, la estabilidad institucional y el bienestar de la población.
En definitiva, fortalecer la ENEE es fortalecer a Honduras. Porque donde existe energía confiable hay inversión; donde hay inversión se generan empleos; y donde hay empleo se construye desarrollo. Entender esta relación es el primer paso para transformar el sistema eléctrico en un verdadero motor del crecimiento y de la seguridad nacional.
Por Frank O’Connor

