Por Rafael Delgado
En días pasados una fuerte lluvia de minutos en San Pedro Sula fue suficiente para mostrar los errores que se han cometido en el pasado. A gran velocidad corrió el agua de la lluvia por lo que hasta hace un par de décadas fue una quebrada llamada La Primavera que cruzaba la ciudad y que ahora es un canal de concreto abierto que después desaparece debajo de las urbanizaciones de la ciudad. Agregado a que el agua corre por un canal insuficiente para contenerla, el agua arrastra consigo grandes cantidades de basura de las urbanizaciones y restos del bosque de la montaña del Merendón. Lo anterior convierte la quebrada en minutos, de un hilo de agua sucia en una veloz y destructiva corriente de agua que además de paralizar la movilización humana, causa graves daños a la infraestructura de la ciudad y en ocasiones con lamentables muertes de personas.
La ciudadanía con mucha razón exige limpiar los sucios y atascados canales para que el agua fluya libremente y no provoque estragos. Sin embargo, más allá de eso, lo que hoy vemos que ocurre debería ser razón para un cambio en la manera que la ciudad crece y se desarrolla; en la manera en que las autoridades locales planifican y trabajan; en la actitud de los ciudadanos con comportamientos más acordes con los retos ambientales. Ya no bastan las obras de concreto que quizás gustan y generan simpatías electoreras. Ahora corresponde obras físicas con un enfoque integral que además de considerar la importancia de la naturaleza y el error que conlleva destruirla, debe de incluir la formación del funcionario que deberá velar por su mantenimiento, así como del ciudadano que debe cultivar y practicar actitudes diferentes.
Como he venido manifestando en semanas pasadas, la protección del Merendón contra la tala irracional debe parar. Esas torpes acciones ejecutadas tanto en el casco urbano, la periferia como en la misma montaña, que individualmente se aprecian como insignificantes e inofensivos, pero ya que se ejecutan diariamente, en diferentes lugares y por diferentes razones, sumadas representan un daño sustancial para todo el ecosistema, deben reducirse a lo mínimo justificable. El haberse parado el redimensionamiento y la recategorización del Merendón es solamente un peldaño, que debe de generar acciones adicionales y diferentes a las usuales. De lo contrario quedaremos en lo de siempre lamentándonos que la destrucción continua.
Adicionalmente, así como de igual importancia es la construcción de mecanismos locales que generen lo que se llama una economía circular. Se necesitan excelentes sistemas de recolección y disposición de los desechos sólidos en todos los rincones de la ciudad. Lo que hasta ahora tenemos no llega ni a un remedo de lo que realmente se requiere en una ciudad de alto crecimiento que pide no solamente un servicio seguro por parte del camión de la basura, sino que toda una infraestructura que facilite su recolección efectiva y separada según el tipo de residuos desde el lugar que se origina hasta su depósito en lugares seguros para su tratamiento. Hace tiempo llegó también la hora para que, desde la industria, los servicios y desde los hogares se recirculen muchos de los recursos que por hoy son de un solo uso y que por ello terminan fácilmente regados por toda la geografía de la ciudad, generando más residuos de lo necesario, colapsando así las limitadas capacidades de lo que se tiene en cuanto a recolección de residuos.
Como en los análisis de muchas áreas del país, al final constatamos lo inefectivas y absurdas que son las acciones que por mucho tiempo y repetitivamente se han hecho en nuestras ciudades. Sin embargo, es necesario también constatar que pese a todo lo anterior, ya tenemos en nuestro país profesionales valiosos en esas áreas tan relevantes en estos tiempos. Seguramente no han tenido la oportunidad para que se haga valer su trabajo ya que los incentivos principalmente en la administración pública no están debidamente alineados para ello. Por el costo altísimo que habremos de pagar si no cambiamos, llegó el momento para que las decisiones en materia de gestión de la ciudad se enmarcan en los fundamentos y en los criterios del desarrollo sostenible.

