“Prefiero verlo preso que muerto”: el duro grito de una madre que ya no pudo más

 

Entre lágrimas, impotencia y amor, una madre hondureña ha conmovido a la población tras confesar que prefiere ver a su hijo en prisión antes que perderlo en las calles.

Se trata de Cruz Lagos, originaria de Choluteca, quien asegura que la situación con su hijo Luis, de 21 años, se salió de control hace años debido a su adicción a las drogas, un problema que comenzó cuando apenas tenía 13 años.

Desde entonces, según relata, su vida ha sido una constante lucha: ver cómo su hijo se alejaba del hogar, desobedecía y caía cada vez más en un entorno que ella no podía controlar.

“Él no me quiere obedecer, solo quiere andar en la calle”, expresó con la voz quebrada, dejando ver el desgaste emocional de una madre que ha intentado todo.

Cruz no solo enfrenta el problema de la adicción de su hijo, sino también la carga de haberlo criado sola. “Yo soy madre y padre para ellos”, dijo, recordando los años de esfuerzo trabajando en oficios domésticos para sacar adelante a su familia sin apoyo.

En diciembre pasado, desesperada por la situación, interpuso una denuncia por maltrato familiar. Como resultado, el joven tenía una orden que le prohibía permanecer en las calles, pero no la cumplió.

Fue entonces cuando la Policía lo capturó.

Lejos de intentar sacarlo de prisión, su madre tomó una decisión que ha generado debate: dejar que enfrente las consecuencias.

“No lo hago porque no quiera a mi hijo. Mis hijos son lo más sagrado que tengo. Lo hago porque quiero un bien para él”, afirmó.

Sus palabras reflejan un dilema que muchas familias enfrentan en silencio: ¿hasta dónde llega el amor de una madre cuando se trata de salvar a un hijo?

Para algunos, su decisión es un acto de valentía en medio de la desesperación. Para otros, es una señal de un sistema que no logra ofrecer alternativas reales para tratar las adicciones.

Mientras tanto, Cruz asegura que ha pasado noches enteras llorando, cargando con el peso de una decisión que le duele, pero que considera necesaria.

Su historia no solo expone un caso individual, sino una realidad más amplia: la lucha de muchas familias hondureñas contra las drogas, la falta de apoyo y las decisiones difíciles que deben tomar cuando sienten que ya no hay otra salida.

El debate queda abierto: ¿es esta una forma de salvarlo… o una muestra de que algo más está fallando?

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