Amor propio vs. disciplina

Cuando cuidarte también significa hacer lo que no siempre tienes ganas de hacer.



Muchas veces hablamos de amor propio como si fuera algo que solo se siente. Como si consistiera únicamente en aceptarnos, hablarnos bonito o darnos descanso cuando lo necesitamos.

Y sí, todo eso forma parte del amor propio. Pero hay una parte menos popular que pocas veces se menciona: el amor propio también requiere disciplina.

Porque la realidad es que no siempre vamos a tener ganas de hacer lo que nos hace bien. No siempre tendremos motivación para levantarnos temprano, entrenar, caminar, preparar una comida saludable o acostarnos a una hora razonable.

Y es justamente en esos momentos donde aparece la diferencia entre hacer lo que sentimos y hacer lo que necesitamos.

Cuando confundimos amor propio con comodidad

Durante mucho tiempo pensé que cuidarme significaba escuchar siempre lo que sentía.

Si estaba cansada, descansaba. Si no tenía ganas, lo dejaba para después. Si me sentía desanimada, esperaba sentirme mejor para empezar.

El problema es que ese “después” muchas veces nunca llegaba.

Con el tiempo entendí que escucharme también significa preguntarme qué necesito realmente. Y muchas veces la respuesta no es quedarme donde estoy. Muchas veces la respuesta es moverme.

La disciplina no es castigo

Existe la idea de que la disciplina es algo duro. Que significa obligarte, exigirte o presionarte.

Pero la disciplina saludable se parece mucho más a una promesa que te haces a ti misma.

No entreno porque me odio. No entreno porque quiera castigar mi cuerpo. No entreno porque no soy suficiente.

Entreno porque me importo. Porque quiero sentirme fuerte. Porque quiero cuidar mi salud. Porque quiero convertirme en una versión más consciente de mí misma.

La disciplina deja de sentirse pesada cuando deja de venir desde la crítica y comienza a venir desde el cuidado.

Un acto de amor también puede verse como esfuerzo

Hay días en los que entrenar es fácil. Y hay días en los que cuesta muchísimo.

Días donde el trabajo, los hijos, las preocupaciones o el cansancio hacen que cualquier excusa parezca válida.

En esos momentos recuerdo algo importante: no necesito hacerlo perfecto. Solo necesito presentarme.

Porque muchas veces el verdadero amor propio no está en hacer más. Está en no abandonarte.

Lo que he aprendido en el camino

El ejercicio me ha enseñado algo que va mucho más allá del físico.

Me ha enseñado a confiar en mí. A demostrarme que puedo cumplir lo que prometo. A seguir incluso cuando los resultados no son inmediatos.

A entender que la mujer que quiero ser se construye en las decisiones pequeñas que tomo cada día.

No entre motivación y motivación. Sino entre compromiso y compromiso.

Reflexión final

El amor propio te ayuda a comenzar. La disciplina te ayuda a continuar.

Y cuando ambos trabajan juntos, dejan de ser dos conceptos separados para convertirse en una forma de vivir.

Porque cuidarte no siempre se ve como descansar. A veces también se ve como levantarte, presentarte y volver a elegirte una vez más.


Por Nicole Lainez

Instagram @nicolelainez

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente

Recent in Sports