La Honduras que soñamos, la Honduras que nos dieron

Tiendo a pensar que por muchos años, los hondureños hemos idealizado un país que en el fondo de nuestras almas estamos seguros que merecemos, una tierra de oportunidades para todos y siendo sinceros, no creo que estemos equivocados con nuestros anhelos.



La realidad que vive el país y cuando hablo del país, hablo de nuestros hermanos hermanas, padres, madres, hijos y nietos; es dura, más si repasamos nuestras potencialidades en cuanto a ubicación geográfica, nuestros recursos naturales, recursos humanos y todo lo que concierne a nuestra patria, es totalmente ilógico para mi tener que aceptar los niveles de pobreza y desigualdad existentes, pero es entendible si lo planteamos desde el razonamiento causal puro.

Por más de 200 años, el esfuerzo de quienes legitima o ilegítimamente tomaron el poder, muy pocas veces se centró en mejorar las condiciones del pueblo y mi apreciación no se centra en valoraciones subjetivas, se sustenta en casi un 80% de nuestra gente en pobreza, un casi 1.2 millones de niños que no asisten a la escuela, 1.8 millones de hondureños sin empleo o en precariedad laboral, 5.2 millones de hondureños que no cuentan con seguro social o 17de cada 1000 niños que mueren y claro datos como estos suenan devastadores para una sociedad que sueña con un mejor país. Pero al contrastarlo con un 20% de la población que no se encuentra en pobreza, que acumula casi el 80% de la riqueza y que los problemas cotidianos de alimentación y salud no son de su incumbencia, entre otros beneficios a su favor, es imposible no preguntarse; ¿que paso?.

Yo tengo una respuesta desde mi perspectiva, la cual se centra en el desinterés por un país que pudo dar más a su gente de lo que quienes tuvieron y tienen el poder están dispuestos a darles.

Se construyó un sistema desigual, que no facilita las condiciones de vida y oportunidades para todos, tal vez por desconocimiento o por pura ambición personal o grupal, pero al final, un sistema llamado espuriamente; “Democrático”, si lo vemos fríamente, contamos con gobiernos, instituciones, sistema de justicia, presupuestos, impuestos, elecciones, partidos políticos y ejercicio del poder como un mandato ciudadano, pero nada de ello funciona a favor de quienes dan el mandato.


La realidad que esta “democracia” nos da a los hondureños es asfixiante, desoladora y desesperanzadora, y no porque no contemos con los elementos que bien usados pueden cambiar la realidad del país, es porque esos elemento no están a disposición de todos, recurrentemente escuchamos discursos políticos, ofertas de campaña, manipulación pública y pumpuneos de pecho por el país, pero poco o nada se hace para cumplir, más si reflexionamos que en nombre de los pobres, nos endeudaron con casi 20 mil millones de dolares, en nombre de los pobres se obtuvieron condonaciónes de deuda externa, donaciones o apoyos internacionales, pero esos pobres se duplicaron.

En este punto, todo lo que he mencionado, suena catastrófico para esos sueños por un país justo para todos y se también que suena hasta pesimista, pero, la realidad no se tapa como querer tapar el sol con un dedo, aparte de resultar imposible, estoy consiente que nos empobrecieron, nos robaron con la sucia corrupción y nos llevaron a caminos totalmente lejanos a los sueños de desarrollo de nuestra gente, hoy el país vive en un “sálvense quien pueda” donde el que esta bien, no tiene la menor sensibilidad por quienes están mal a su alrededor, cosa que creo aun con todos los años perdidos, podemos cambiar, pero para cambiarlo necesitamos un pueblo más consiente del poder que tiene, un pueblo que exige y que presiona por cambio, pero también una ciudadanía capaz de saber elegir, que entienda que hasta hoy no escogemos gobernantes, solo votamos como un ejercicio de protesta social.


La democracia debe permitir que todos tengamos opciones y oportunidades para mejorar, no que, el único que tenga oportunidades es el que “elegimos”, por lo cual, debemos cambiar totalmente nuestra mentalidad como hondureños, sin perder nuestro anhelo de un mejor país, es ahí donde creo que se pueden sembrar las bases del futuro a construir, pese al pasado grosero que ha vivido nuestra gente.


Concluyo preguntando para que nos respondamos; ¿Que país construiremos los hondureños para nuestras siguientes generaciones?

Luis León




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