Miles de personas acompañaron el entierro del líder supremo Alí Jameneí en la ciudad santa de Mashad, en el cierre de una semana de ceremonias fúnebres que Irán convirtió en una demostración de unidad y poder tras la guerra con Estados Unidos.
Un mar de personas participó en las ceremonias de despedida del líder supremo iraní, Alí Jameneí, cuyo entierro se realizó en la ciudad santa de Mashad, poniendo fin a siete días de homenajes y actos fúnebres organizados por las autoridades iraníes.
Las multitudinarias concentraciones se desarrollaron en varias ciudades de Irán y también incluyeron ceremonias religiosas en importantes centros del islam chiita antes de culminar con su sepultura en el santuario del Imán Reza, uno de los lugares más sagrados del país.
El gobierno iraní presentó las exequias como una muestra de cohesión nacional y de respaldo a la República Islámica, especialmente después del conflicto militar con Estados Unidos e Israel y de las protestas que sacudieron al país durante los últimos meses.
Analistas consideran que el funeral también buscó proyectar estabilidad política en medio del complejo escenario que enfrenta Irán tras la muerte de Jameneí y el proceso de transición del liderazgo del país.

