Lo que antes era tierra de granos y hortalizas, hoy revela un cambio inquietante. En las montañas de Río Chiquito, Bonito Oriental, Colón, autoridades encontraron 22 mil arbustos de hoja de coca sembrados en aproximadamente cuatro manzanas de terreno.
El hallazgo no solo evidencia la presencia del narcotráfico en la zona, sino también una transformación silenciosa: Honduras comienza a dejar de ser solo un corredor de droga para convertirse en territorio de producción.
Un cultivo planificado, no improvisado
Lejos de ser un intento aislado, la plantación mostraba señales claras de organización: surcos alineados, tierra trabajada y mantenimiento constante. Todo indicaba que se trataba de una operación establecida.
Durante el operativo, ejecutado por unidades de la Dirección de Información Estratégica, el Décimo Quinto Batallón de Fuerzas Especiales y la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN), también se localizó una estructura rústica utilizada para iniciar el procesamiento de la hoja de coca.
Un agente antidrogas lo resumió con claridad:
“Esto no es prueba. Es producción. Aquí ya hay inversión y control”.
El norte del país bajo presión
El caso de Río Chiquito no es aislado. En semanas recientes, las autoridades han asegurado más de 200 mil arbustos de presunta coca en la región norte, lo que confirma una tendencia alarmante.
Este fenómeno refleja un cambio profundo en la dinámica del narcotráfico en el país. Durante años, Honduras fue identificada como una ruta de paso. Hoy, los indicios apuntan a que el negocio ilícito está echando raíces dentro del territorio nacional.
Más que cultivos: control territorial
El cultivo de coca no ocurre de forma espontánea. Requiere vigilancia, logística, rutas de transporte y, sobre todo, control del territorio.
En muchas comunidades rurales, estas estructuras se establecen de manera silenciosa, desplazando actividades tradicionales y generando un entorno donde denunciar puede implicar riesgos.
Las autoridades advierten que el verdadero desafío no es solo erradicar las plantas, sino identificar y capturar a quienes financian y dirigen estas operaciones.
“Si no se llega a los autores intelectuales, los cultivos simplemente se mueven y reaparecen”, explicó un agente.
Una tierra que cambió de propósito
Colón sigue siendo una región fértil. Pero lo que ahora crece en algunos sectores ya no está destinado a alimentar comunidades, sino a nutrir economías ilícitas.
El aseguramiento de estos cultivos representa un golpe operativo, pero también deja al descubierto una realidad más compleja: hay territorios donde la vocación agrícola está siendo reemplazada por el narcotráfico.
Un cambio que preocupa
Lo ocurrido en esta zona del país es una señal clara de una transformación más amplia. Honduras enfrenta el riesgo de consolidarse no solo como un punto de tránsito, sino como un espacio de producción dentro del mapa del narcotráfico.

