Los Jóvenes y las oportunidades que los gobiernos no quieren brindar.

Por. Douglas Arias 




En un país golpeado por la violencia, el desempleo y la desigualdad, hablar de juventud ya no debería ser únicamente hablar de esperanza; también debería ser hablar de responsabilidad. Porque mientras miles de jóvenes hondureños luchan todos los días por salir adelante, las oportunidades continúan siendo privilegios reservados para unos pocos.

Hoy, en Honduras, ser joven se ha convertido en una batalla constante. Una batalla contra la falta de empleo, contra salarios indignos, contra la experiencia laboral imposible de obtener porque nadie les da la primera oportunidad y, sobre todo, contra un sistema político que parece haber olvidado que detrás de cada cifra hay vidas reales, sueños reales y familias enteras esperando una oportunidad para avanzar.

Las empresas privadas también tienen una enorme deuda con la juventud. Muchas hablan de innovación, crecimiento y futuro, pero pocas están realmente dispuestas a abrir espacios reales para jóvenes profesionales. La mayoría exige experiencia a quienes apenas intentan comenzar, cerrando puertas incluso antes de que puedan tocarla. Se olvidan de que ningún profesional nace preparado y que detrás de cada gran líder hubo alguien que creyó en él cuando todavía no tenía experiencia.

Es preocupante ver cómo cientos de jóvenes se gradúan cada año con ilusiones enormes, solo para encontrarse con un mercado laboral agresivo, indiferente y muchas veces humillante. Jóvenes preparados terminan trabajando en áreas completamente distintas a sus carreras, mientras otros simplemente abandonan sus sueños porque el sistema les enseñó que esforzarse no siempre garantiza avanzar.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en el sector privado. El Congreso Nacional también ha fallado profundamente a la juventud hondureña. Durante años hemos escuchado discursos sobre desarrollo, empleo y progreso, pero muy pocas veces vemos leyes verdaderamente enfocadas en proteger e impulsar a los jóvenes.

¿Dónde están las iniciativas que obliguen a las empresas a crear programas de primer empleo?

¿Dónde están las leyes que incentiven la contratación juvenil con salarios dignos?

¿Dónde están los proyectos que fortalezcan el emprendimiento joven y permitan acceso real al financiamiento?

¿Dónde están los diputados cuando miles de jóvenes emigran porque en su propio país no encuentran oportunidades?

La realidad es dolorosa: muchos políticos solo recuerdan a los jóvenes durante campañas electorales, utilizándolos para llenar plazas, levantar banderas y generar contenido en redes sociales. Pero una vez llegan al poder, la juventud vuelve a quedar en el abandono.

Y mientras eso ocurre, Honduras sigue perdiendo talento. Jóvenes brillantes se marchan del país buscando oportunidades que aquí nunca llegaron. Otros caen en depresión, frustración o desesperanza. Porque no hay nada más destructivo para un ser humano que sentir que, por más que se esfuerce, el sistema ya decidió cerrarle las puertas.

El problema no es falta de capacidad. Honduras tiene jóvenes inteligentes, creativos, preparados y con enormes deseos de salir adelante. El verdadero problema es la ausencia de voluntad política y social para creer en ellos.

Necesitamos empresarios que comprendan que invertir en juventud no es un gasto, sino una apuesta al futuro del país. Necesitamos diputados que legislen pensando en las nuevas generaciones y no únicamente en intereses partidarios. Necesitamos políticas públicas que conviertan la educación en oportunidades reales y no en simples diplomas colgados en una pared.

Porque un país que no apuesta por sus jóvenes está condenado a repetir el fracaso generación tras generación.

Honduras no necesita más discursos vacíos sobre el futuro; necesita acciones concretas para construirlo. Y ese futuro comienza cuando dejamos de ver a los jóvenes como estadísticas y empezamos a verlos como la fuerza capaz de transformar una nación entera.

Hoy más que nunca, Honduras tiene una decisión urgente que tomar: seguir ignorando a su juventud o finalmente darle las oportunidades que durante años le ha negado.


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