Autoridades militares ejecutaron la detonación controlada de un artefacto explosivo tipo RBK-250 que había permanecido oculto desde la década de 1980 en una zona montañosa de Olancho.
El hallazgo ocurrió durante un patrullaje de protección ambiental en un área de difícil acceso, donde se localizó la bomba de racimo de fabricación extranjera que contenía 30 submuniciones antitanque.
Especialistas en desactivación de explosivos inspeccionaron el artefacto y determinaron que su estructura presentaba deterioro, lo que incrementaba el riesgo de manipulación.
Por medidas de seguridad, se procedió a acordonar el perímetro y realizar la explosión controlada para eliminar cualquier amenaza a la población cercana.
Las autoridades destacaron que el dispositivo habría sido lanzado desde el aire durante la década de 1980 y no detonó por una posible falla en el impacto.

