El presidente de Nayib Bukele aseguró que estructuras pandilleras que operaban en El Salvador habrían desarrollado rituales de carácter satánico como parte de su dinámica criminal, afirmación realizada durante su participación en el Desayuno Nacional de Oración celebrado en Estados Unidos.
Durante su intervención, el mandatario sostuvo que la lucha contra las pandillas no solo se limitaba al ámbito de seguridad pública, sino que también involucraba lo que describió como un conflicto de naturaleza espiritual. Según Bukele, las autoridades encontraron evidencias de altares utilizados para rituales satánicos durante los allanamientos efectuados en el marco del régimen de excepción vigente en el país.
“Mucha gente no sabe que nuestro enemigo no era solo la violencia física o la extorsión, sino también un fenómeno espiritual”, expresó el presidente, quien afirmó que las pandillas adoraban a Satanás y que esta información estaba documentada mediante imágenes y videos recopilados por las fuerzas de seguridad.
El gobernante señaló que durante los operativos policiales se localizaron estructuras utilizadas para rituales dentro de viviendas donde se realizaron capturas. También aseguró que algunos miembros de las organizaciones criminales que operaban en territorio salvadoreño mantienen presencia en Estados Unidos.
Las declaraciones se producen en medio de la estrategia de seguridad impulsada por el gobierno salvadoreño, que desde marzo de 2022 mantiene un régimen de excepción aprobado por la Asamblea Legislativa y prorrogado de forma consecutiva. Esta medida suspende temporalmente ciertas garantías constitucionales con el objetivo de facilitar la persecución y captura de presuntos integrantes de estructuras criminales.
De acuerdo con datos oficiales, la ofensiva estatal ha permitido la captura de más de 90.000 personas vinculadas a pandillas y el registro de miles de días consecutivos sin homicidios, aunque organizaciones de derechos humanos han cuestionado el impacto del régimen de excepción en las libertades civiles.
El gobierno sostiene que la estrategia ha reducido de forma significativa la violencia criminal y desarticulado el control territorial de las pandillas que durante décadas operaron en distintas regiones salvadoreñas.

