La “Demogracia”

 


Por Moisés de Jesús Ulloa Mejía

Recuerdo un maestro de una de mis clases de ciencias políticas en mi universidad LSU decirnos: “no se puede quitar la política de la política, pero sí podemos cambiar a las personas que se involucran en la política”, este corto pensamiento, fue un aviso que se mantiene vigente, que determina lo que es necesario para generar el verdadero y correcto cambio; pues mientras las personas incorrectas tengan el control en el manejo del sistema, la capacidad de tener resultados importantes y de realizar profundas mejoras, será un imposible.

Ya que iniciamos con una histora, sigamos recordando. Me imagino un grupo de pensadores reunidos allá por el siglo V antes de Cristo, en la antigua Grecia, discutiendo como intentar generar un sistema del poder del pueblo (demos: pueblo, kratos: poder y por ende el concepto de democracia) bajo el proceso que sin intermediario alguno, cada persona, con su pensamiento y voz, fuera capaz de elegir y ser electo bajo un mismo derecho y bajo la igualitaria aplicación de la ley, todo esto dentro de la premisa que cada ciudadano era capaz de gobernar. Lamentablemente esta no es una historia con un final feliz, Platón lo comprendió y sentenció que este ideal, por muy noble que es, en la práctica daría lugar a demagogia y fuente de tiranía.

El cuento sigue, ahora nos vamos a los queridos hermanos masones fundadores de la unión de los Estados, pasemos entonces de la Grecia a quizá esas calles en Filadelfia, con Benjamin y su cometa, argumentando que era necesario corregir ese sistema y convertirlo en un proceso más inclinado a la representación y por ende a la institucionalidad. Este sentido práctico y confiable, más allá de un concepto político, era establecer un modo de vida, en donde el ciudadano se alejaba de lo público y se ocupaba en lo privado. El entendido era sencillo: ya que no todos podemos ser políticos, dediquemos el quehacer del Estado en las manos de algunos por consecuencia de nuestra delegación.

Pasemos ahora, para no aburrirlos tanto con historias. al presente; nos encontramos entonces en un café en cualquier mall y junto con varios “teólogos” hablando sobre la realidad y no sobre la verdad, explicando cómo el voto no cuenta ni por igualdad, ni por representación. Hablemos más de una matriz del poder de hacer pretender, generando una realidad bajo lo impuesto, cuya premisa no sea la ley sino los capitales y que el beneficio no sea para los ciudadanos comunes, sino para un nuevo orden geopolítico del poder mismo, en el cual somos piezas de un ajedrez mayor. Así mientras unos “votan”, otros deciden y el ciclo se acomoda, pensando que efectivamente “la voluntad se respetó”.

Esa realidad se fabrica en el entendido de lo inmediato, en la pastilla de las redes sociales, en la propaganda que maneja la polarización constante y juega con los temores, vendiendo los anhelos.

Vivimos en una “demogracia”, pues somos hoy productos de un sistema totalmente controlado más allá de nuestras propias decisiones, que conduce más allá de nuestra voluntad y del deseo de cambio. Somos muñecos que nos movemos de conformidad con los hilos de un titiritero. Somos una “demogracia” que nos hunde más en la desgracia y que aún así nos causa gracia, ya que lo hemos aceptado, lo aplaudimos y nos convertimos en cómplices de la normalidad del teatro. El mundo gira, cada quien se acomoda no a la verdad sino a esta realidad que nos olvidamos un tiempo, hasta que la función de la próxima elección reinicie, ya no con pan y circo, sino con semita, la granita y el tik tok.

Esta es una satira, cualquier similitud es pura coincidencia.


Moisés de Jesús Ulloa Mejía

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