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Cuando pensamos en hacer ejercicio y construir hábitos saludables, muchas veces creemos que avanzar significa hacer más: entrenar más días, levantar más peso, correr más kilómetros o esforzarnos incluso cuando no tenemos ganas.
Y aunque la constancia es importante, hay algo que también forma parte de una relación saludable con el ejercicio: aprender a escuchar a nuestro cuerpo.
Porque no todos los días nos sentimos igual.
Hay días en los que tenemos energía, nos sentimos fuertes y podemos dar un poco más. Pero también hay días en los que estamos cansados, hemos dormido poco, sentimos alguna molestia o simplemente necesitamos recuperarnos.
Eso no siempre significa que estamos perdiendo la disciplina.
A veces, simplemente significa que nuestro cuerpo está intentando decirnos algo.
No todos los días tu cuerpo necesita lo mismo
Uno de los errores más comunes cuando empezamos a construir una rutina de ejercicio es pensar que debemos rendir igual todos los días.
Pero nuestro cuerpo no funciona de esa manera.
Nuestra energía puede cambiar dependiendo de cuánto dormimos, cómo nos hemos alimentado, el estrés que estamos viviendo o la intensidad de los entrenamientos que hemos realizado durante los días anteriores.
Habrá días en los que podrás terminar tu entrenamiento sintiéndote lleno de energía. Y habrá otros en los que quizá necesites bajar el ritmo, reducir la intensidad o simplemente elegir una actividad diferente.
Adaptar tu entrenamiento a cómo te sientes no significa rendirte.
Significa conocerte.
Es válido hacer un entrenamiento menos intenso o simplemente descansar cuando eso es lo que tu cuerpo necesita. De esa manera, también podremos recuperarnos mejor y aprovechar el próximo entrenamiento.
Aprender a diferenciar entre cansancio, esfuerzo y dolor
También es importante aprender que no todas las sensaciones significan lo mismo.
Sentir cansancio durante un entrenamiento puede ser normal. Sentir que un ejercicio requiere esfuerzo también forma parte del proceso. Incluso sentir cierta incomodidad cuando estamos desafiando nuestro cuerpo puede ser parte de salir de nuestra zona de confort.
Pero el dolor es diferente.
No siempre tenemos que ignorar una molestia solo porque queremos cumplir con nuestra rutina. A veces creemos que detenernos significa ser débiles o perder el progreso que hemos conseguido.
Sin embargo, insistir cuando nuestro cuerpo nos está dando señales también puede alejarnos de nuestras metas.
Escuchar al cuerpo implica aprender a reconocer cuándo podemos esforzarnos un poco más y cuándo necesitamos detenernos, modificar un ejercicio o darnos tiempo para recuperarnos.
Descansar también forma parte del proceso
Muchas veces hablamos del entrenamiento como si el progreso ocurriera únicamente mientras estamos haciendo ejercicio.
Pero descansar también es parte del proceso.
Dormir bien, recuperarnos, alimentarnos adecuadamente y darle tiempo a nuestro cuerpo para recuperarse también influye en nuestro bienestar y en nuestro rendimiento.
No todo el progreso se construye haciendo más.
A veces, también se construye cuando decidimos bajar el ritmo.
Porque descansar no significa abandonar. Y tomarte un día para recuperarte no borra todo lo que has avanzado.
Tu progreso no desaparece porque un día no entrenes.
Escuchar a tu cuerpo no significa usarlo como una excusa
Por supuesto, escuchar a nuestro cuerpo tampoco significa abandonar cada vez que algo se pone difícil.
Habrá días en los que simplemente no tendremos ganas de entrenar. Y en esos momentos, la disciplina puede ayudarnos a mantener los hábitos que estamos construyendo.
La clave está en aprender a conocernos.
Preguntarnos:
¿Realmente necesito descansar o simplemente no tengo ganas?
¿Estoy sintiendo una molestia que debería atender o solo estoy enfrentando la incomodidad normal del esfuerzo?
¿Necesito detenerme por completo o puedo adaptar mi entrenamiento?
No siempre tendremos la respuesta perfecta. Pero mientras más aprendemos a conocer nuestro cuerpo, más fácil será tomar mejores decisiones.
El objetivo no es exigirle a tu cuerpo hasta agotarlo
A veces olvidamos que el ejercicio debería ser una herramienta para cuidarnos, no una forma de castigarnos.
Nuestro cuerpo nos acompaña todos los días. Nos permite caminar, correr, cargar, jugar, trabajar y hacer tantas cosas que muchas veces damos por sentadas.
Por eso, construir una relación saludable con el ejercicio también significa aprender a tratarlo con un poco más de respeto.
Exigirnos cuando podemos.
Descansar cuando lo necesitamos.
Y entender que ambas cosas también pueden formar parte del progreso.
Así que escucha a tu cuerpo, siempre y cuando eso no se convierta en la excusa perfecta para rendirte.
Porque la disciplina también consiste en saber cuándo avanzar, cuándo bajar el ritmo y cuándo detenerte para volver más fuerte.
Un día a la vez.
Nicole Lainez
IG: @nicolelainez

