Hay algo que me preocupa cuando pienso en nuestra generación: tenemos la capacidad de estar pendientes de absolutamente todo, pero muchas veces terminamos pendientes de muy poco de lo que realmente importa. Sabemos cuál es el video que se hizo viral, qué canción está de moda, cuál es el nuevo trend de TikTok o cuál es la polémica del día. Y no está mal. Somos una generación que creció con las redes sociales y es normal que formen parte de nuestra vida. El problema es cuando lo pasajero termina ocupando todo nuestro espacio y dejamos de mirar lo que está ocurriendo alrededor nuestro.
Mientras nosotros pasamos de un trend a otro, Honduras sigue teniendo los mismos problemas de siempre. La falta de empleo, la inseguridad, la corrupción, la pobreza, la migración, la falta de oportunidades para los jóvenes y las debilidades de nuestras instituciones no desaparecen porque dejemos de hablar de ellas. Al contrario, siguen ahí, esperando que alguien les preste atención. Y creo que ahí tenemos una responsabilidad como jóvenes. No podemos permitir que nuestra generación pierda el norte. No podemos estar completamente informados sobre lo que ocurre en las redes sociales y, al mismo tiempo, no tener idea de qué está haciendo nuestro gobierno, qué decisiones se están tomando en nuestras instituciones o cómo esas decisiones pueden afectar nuestro futuro.
La política no debería ser algo que nos interese únicamente cuando hay elecciones. También es política lo que pasa después de votar. Es preguntarnos qué están haciendo nuestros funcionarios, cómo se están utilizando los recursos del Estado, si las instituciones están cumpliendo con su trabajo y si quienes tienen poder están rindiendo cuentas. Y no se trata de estar en contra de todo. Tampoco de defender todo. Se trata de observar, de tener criterio y de aprender a cuestionar.
Nuestra generación tiene además una ventaja enorme: tenemos información al alcance de la mano. Podemos investigar, comparar diferentes fuentes, conocer lo que sucede en otros países y utilizar las redes para denunciar, organizarnos y expresar nuestras opiniones. Pero tener información no significa estar informados. También tenemos que aprender a no creer todo lo que vemos. A veces compartimos una publicación porque confirma lo que pensamos, sin siquiera preguntarnos si es cierta. Y así terminamos formando opiniones sobre asuntos importantes a partir de videos de pocos segundos o titulares que ni siquiera leímos completos. Si queremos participar en la construcción de Honduras, tenemos que hacer un poco más que eso: tenemos que leer, preguntar, investigar, escuchar opiniones diferentes y, sobre todo, aprender a pensar por nosotros mismos.
No todos tenemos que entrar en política. No todos tenemos que aspirar a un cargo público. Pero todos tenemos que ser ciudadanos, y ser ciudadano también significa estar pendiente. Porque si los jóvenes dejamos de observar, otros van a ocupar ese espacio. Si dejamos de preguntar, otros decidirán sin nosotros. Y si dejamos de exigir, poco a poco terminaremos aceptando como normal cosas que nunca deberían haberse vuelto normales. Ahí es donde aparece una frase que deberíamos tener muy presente: cuando la juventud duerme, el futuro de un país se desvanece.
La política tradicional no necesita que los jóvenes desaparezcamos. Le basta con que nos distraigamos. Le basta con que pensemos que nada puede cambiar. Le basta con que creamos que nuestra opinión no importa. Y precisamente por eso no podemos caer en la indiferencia. Honduras necesita jóvenes que estén pendientes de su país, aunque también disfruten de las redes. Jóvenes que puedan seguir un trend y al mismo tiempo preguntarse qué está pasando con su comunidad. Jóvenes que puedan divertirse, estudiar, trabajar, emprender y hacer su vida, pero que no sean indiferentes ante las decisiones que se toman en el país.
No se trata de vivir preocupados por la política las 24 horas del día. Se trata simplemente de no olvidarnos de ella. Porque tarde o temprano, las decisiones que se toman hoy van a terminar afectándonos. Vamos a ser nosotros quienes tengamos que enfrentar el mercado laboral, la situación económica, la seguridad, la educación y las oportunidades que existan en Honduras. Por eso no podemos dejar que otros construyan nuestro futuro sin siquiera prestar atención.
Nuestra generación tiene mucho que aportar. Tenemos nuevas ideas, nuevas herramientas y una manera diferente de comunicarnos. Pero todo eso sirve de poco si no tenemos el interés de involucrarnos y de exigir que las cosas funcionen mejor. Los trends pasan. Las polémicas pasan. Lo que hoy parece ser lo más importante de internet probablemente mañana ya nadie lo recuerde, pero las decisiones que se toman en Honduras sí permanecen. Por eso debemos levantar la mirada de vez en cuando y ver más allá de la pantalla.
Nuestro país necesita una juventud despierta, crítica y dispuesta a participar. Una juventud que no espere a que otros solucionen los problemas, sino que entienda que también tiene una responsabilidad en el futuro que quiere construir. No perdamos el norte por algo que mañana ya nadie recordará. Estemos pendientes, preguntemos, cuestionemos y participemos. Porque Honduras también es nuestro futuro. Y si nosotros no estamos vigilando, alguien más estará decidiendo por nosotros.

